Nuestras Historia

 Escuela Industrial de San Felipe: 78 años formando técnicos de excelencia para Chile.

¿Quién en San Felipe no se ha admirado alguna vez viendo a los alumnos de la Escuela Industrial desfilando, o exponiendo sus conocimientos técnicos en la plaza de armas, o realizando una labor social en algún Hogar de la ciudad, o simplemente luciendo con orgullo su uniforme por las calles?

Cuando todo parece tan complicado en educación, los industrialinos nos siguen transmitiendo un mensaje positivo de confianza, un rostro de la juventud que habla de un país de oportunidades, de justicia y superación.  ¿Cómo lo hacen? ¿Cuál es el secreto de este liceo emblemático de nuestra ciudad?

Los orígenes: la Escuela de Artesanos.

El secreto de esta comunidad educativa, que lleva el nombre de su primer director, don Guillermo Richards Cuevas, consiste en que ha sabido conservar en el tiempo el espíritu altruista y solidario de la época que la vio nacer, a inicios de los años ’40.

Ocurrió bajo el gobierno del Presidente don Pedro Aguirre Cerda, hijo preclaro de Aconcagua. Apoyado por la fuerza política del Frente Popular (1938-1941), este visionario mandatario puso una energía inédita en la educación, convencido de que “Gobernar es educar”, como reza su conocido lema. Anhelando el progreso del país y el bienestar para su gente, invirtió sus mejores esfuerzos en mejorar los niveles educacionales de los chilenos y dar mayores oportunidades de estudios a los más desfavorecidos. Eso se tradujo, por un lado, en hacer  cumplir la obligatoriedad de la educación básica declarada en la constitución del ‘25 y, por otro, en crear la educación técnica al mismo tiempo que diera origen a la Corfo, para el fomento de la industrialización. Fue así que en San Felipe se crearon en esos años la Escuela Hogar y la Escuela de Artesanos, junto con más de 500 establecimentos a lo largo del territorio nacional.

Estos acontecimientos generaron el entusiasmo y la generosi­dad de autoridades y parlamentarios de la época, quienes se convirtieron en eficaces catalizadores del desarrollo educacio­nal para la zona.  El entonces intendente Adolfo Carmona Novoa y el alcalde René Lobo Muñoz, jun­to a los regidores de las distintas corrien­tes políticas aunaron voluntades para sacar adelante estos innovadores proyectos, sabiendo que a Chile le había llegado la hora de sumarse a la revolución industrial que se imponía en el mundo, con más urgencia que nunca a consecuencia de la guerra.

El proyecto de la Escuela era fascinante: atraer desde los rincones más apartados del Valle a los niños que presentaban condiciones favorables, para continuar estudios y lograr una educación más amplia. Eso significaba darles una oportunidad única para salir de la pobreza y superar la marginalidad en la que vivían, al mismo tiempo que formar la mano de obra que contribuiría a mejorar la industria nacional.

Con ese ideal abrieron sus puertas los primeros talle­res de la naciente Escuela de Artesanos, en una antigua casona colonial de calle Prat Nº 270. Allí llegaron ese año, pesquisados por sus profesores básicos, 29 niñosa tomar clases de Mecánica, Herrería y Electricidad. A tres cuadras de distancia en calle Freire Nº 331, funcionaba la Dirección y Secretaría y en la esquina de Freire con Traslaviña, estaba el internado donde dormían estos retoños de una patria pujante. Los comedores se situaban en Prat, próximo a los talleres.

 También por esos años se crea el taller de mueblería, el que por ra­zones de espacio debe funcionar en los terrenos pertenecientes a la chacra de Parrasía, hoy calle Benigno Caldera, lugar que ocupa el actual edificio.